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domingo, 17 de junho de 2012

Cardeal Scola: entre o bem estar individual e o familiar há uma interdependência

Sua Eminência, o Cardeal Angelo Scola, medita sobre a família e sua relação interna, entre seus membros.

Angelo Cardeal Scola

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Angelo Scola
Cardenal, Arzobispo de la Diócesis de Milán (Italia)
traducción de María Eugenia Flores Luna para Kaire
28 de abril del 2012 

¿Es posible promover el bienestar de la persona individual sin considerarla al interior de sus relaciones familiares? Cada uno de nosotros, para llevar una vida buena hace inevitablemente referencia a eso. Se trata, en efecto, de relaciones constitutivas: más son auténticas y serenas, más rica y completa será la vida del individuo. Juan Pablo II escribía en la Familiaris Consortio: «  Las relaciones entre los miembros de la comunidad familiar están inspiradas y guiadas por la ley de la «gratuidad» que, respetando y favoreciendo en todos y cada uno la dignidad personal como único título de valor, se hace acogida cordial, encuentro y diálogo, disponibilidad desinteresada, servicio generoso y solidaridad profunda.» (n. 43). 

Hoy desafortunadamente la familia no goza de la necesaria consideración y a veces su naturaleza solidaria se quebranta contra el muro del despreocupado individualismo posmoderno. Además faltan, de parte del Estado y de las instituciones públicas, estrategias y políticas sociales que sustenten concretamente la vida de la familia en cuanto tal. 

Los gobiernos no promueven los brotes de vida buena que florecen de las relaciones entre parientes, porque la familia es considerada como un tipo de joint venture (empresa conjunta) de carácter estrechamente privado. No se ve que entre el bienestar individual y aquel familiar hay una fuerte interdependencia. Si se debilita la familia, no padecen sólo los individuos sino la entera comunidad.

Las uniones se deshilachan. Es afectada la cohesión social, objetivo tan exhibido en palabras cuanto arduo de alcanzar en los hechos. La urgencia de políticas sociales para la familia a menudo es proclamada, pero en los raros casos en que es puesta en acto se reduce a intervenciones sectoriales.

Es dirigida a sujetos y afronta problemas que indudablemente invierten en la familia, pero no la "ven" como una comunión de personas. Pueden dar la ilusión que se preocupen seriamente de la unidad familiar, pero en realidad proceden de modo "acumulativo". La familia, en cambio, no es una suma algebraica de personas y problemáticas. Ella es raíz y fruto de un diálogo incesante entre sus miembros, y no podrá ser sustentada si no por políticas intersectoriales, que superen la lógica de la contraposición. Por ejemplo sería limitativo reducir la política familiar a intervenciones de lucha contra la pobreza, y de tontos no considerar "familiares" las políticas dirigidas a los menores o al trabajo o a los ancianos: todo "tiene que ver" con la familia. Todos los factores, si armónicamente interconectados, alcanzan el objetivo primario de reforzar las relaciones familiares. Sin olvidar nunca que ellas se articulan a lo largo de dos directivas: las relaciones entre los sexos y aquellas entre las generaciones. 

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